Piedra de Tízoc, el cuauhxicalli del sacrificio gladiatorio de los mexicas, joya de Tenochtitlan

La Piedra de Tízoc es un cuauhxicalli, usada en el ritual «rayamiento», mejor conocido como sacrificio gladiatorio que practicaban los mexicas en Tenochtitlan, es uno de los tesoros que guarda el Museo Nacional de Antropología e Historia, recinto inaugurado el 17 de septiembre de 1964.

Pese a ser una joya del imperio azteca bellamente labrada con el estilo que ha sido llamado “mexica imperial», la Piedra Tízoc rodó por mucho tiempo antes de llegar al Museo de Antropología e Historia.

Piedra de Tízoc, cultura azteca
Piedra de Tízoc. Foto: INAH

Esta gran piedra cilíndrica labrada, era una de dos piezas similares que ocupaban el patio del Templo de Yopico dedicado al dios Xipe Tótec, uno de los cuatro Tezcatlipocas, que se desprendió de su piel para ofrecerla como alimento a la humanidad.

El dios Xipe Tótec es el dios de la regeneración del maíz y de la guerra; de la primavera y la nueva vegetación, por tal motivo, se le considera como  un dios de la fertilidad.

El dios Xipe Tótec es el dios de la regeneración del maíz y de la guerra. Foto: INAH

¿En qué consistía el sacrificio gladiatorio que los aztecas practicaron en la Piedra de Tízoc?

El ritual «rayamineto» o mejor conocido como sacrificio gladiatorio se realizaba en dos grandes cilindros como la Piedra de Tízoc.

Uno de ellos, el temalácatl, era una palestra sobre la cual luchaba el cautivo mal armado contra los guerreros aztecas. Cuenta con una espiga central que servía para amarrar al capturado.

La otra piedra era llamada cuauhxicalli era el recipiente que recibía el cuerpo herido del cautivo para la extracción del corazón, que era la ofrenda de sangre al sol y la tierra. Esta era la función de la Piedra de Tízoc.

El sacrificio gladiatorio tenía un contenido simbólico muy importante, vinculado con el mito de la creación del Quinto Sol.

Al prisionero se le armaba solamente con una macana de madera adornada con plumas para luchar contra guerreros aztecas completamente equipados y armados con espadas de obsidiana nombradas macuahuitls o hachas metálicas llamadas tepoztlis.

¿Por qué se le llama Piedra de Tízoc?

El monolito ricamente labrado bajo el estilo «mexica imperial» recibe su nombre de Piedra de Tízoc, porque fue esculpida bajo las órdenes del Tlatoani o soberano de Tenochtitlan llamado Tízoc entre 1481 y 1486.

En la parte lateral, la Piedra de Tízoc tiene una secuencia de 15 escenas, cada una formada por un guerrero mexica sometiendo a jefes de otros pueblos, y puedes apreciarlas en el Museo Nacional de Antropología e Historia.

La cara lateral de la Piedra de Tízoc tiene 15 escenas. Foto: INAH

Los guerreros azteca representan al gobernante Tízoc, identificado por su glifo onomástico, sujetando por los cabellos a señores de quince distintos pueblos en señal de conquista.

¿Cómo es la Piedra de Tízoc?

La estructura pétrea que actualmente se encuentra en la Sala Mexica del Museo Nacional de Antropología e Historia de la Ciudad de México, es un cuerpo cilíndrico de andesita que se define por su gran magnitud:

  • 94 cm de altura
  • 265 cm de diámetro
  • 9.5 toneladas de peso

Las caras superior y lateral del cilindro están bellamente labradas bajo los cánones del estilo “mexica imperial”.

La vista superior luce la representación convencional del Sol.

La cara lateral, como ya se dijo, tiene una secuencia de 15 escenas, está limitada por dos bandas horizontales, una arriba que representa el cielo nocturno.

La cara de abajo, figura un reptil terrestre.

La Piedra de Tízoc, el cuauhxicalli del sacrificio gladiatorio de los mexicas y una joya de Tenochtitlan, tiene un orificio en la parte central y un profundo canal que dañan la labra de la escultura.

Este orificio y el canal rompen en forma radial el disco solar de la cara superior y una de las escenas de conquista de la cara lateral.

El canal no está documentado en la descripción detallada del monolito en La Historia General de Bernardino de Sahagún.

Estudios recientes concluyen que la escultura fue dañada intencionalmente para reforzar los informes sensacionalistas de la civilización azteca, que insisten en representar a los mexicas sólo como un pueblo extremadamente salvaje y cruel.

Supone que en el centro debió tener grabada una cara, la que fue mutilada para dejar una concavidad «mal formada» de la que parte el canal que atraviesa a la piedra en su parte superior y baja por un lado de la piedra dañando las «labores talladas con arte y simetría», las que piensa, fueron hechas posteriormente por personas que querían destruir todo vestigio de la antigüedad.

Arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma citando a Antonio de León y Gama, escritor novohispano.

El descubrimiento de la Piedra de Tízoc y su destino cambiante

Con la conquista española en 1521, la Piedra de Tízoc quedó sepultada en terrenos del actual Zócalo de la Ciudad de México. Fue hallada entre 1562 y 1565, cuando se construían los cimientos de una nueva catedral, y llevada frente a la puerta principal de la antigua, donde quedó expuesta por más de seis décadas, señaló el arqueólogo Leonardo López Luján.

Nuevamente fue enterrada en el siglo XVII, para ser exhumada en diciembre de 1791 y vuelta a enterrar en 1793.

En 1824 el gobierno de México dispuso su traslado al Museo Nacional, institución que sería inaugurada al año siguiente. Posteriormente, con la construcción y apertura del Museo Nacional de Antropología e Historia, el 17 de septiembre de 1964, la Piedra Tízoc fue trasladada a su actual morada.

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