Guerra de castas: ¿qué es la cruz parlante de los mayas? oráculo militar y símbolo sagrado

La cruz parlante inició su presencia entre los mayas como un oráculo militar de la guerra de castas hasta convertirse en un símbolo supremo de lo sagrado. Cerca de ella se fundó Chan Santa Cruz, una población de Quintana Roo, México en lo que hoy es Felipe Carrillo Puerto.

La cruz parlante surgió en 1850 en el contexto de la guerra de castas en la Península de Yucatán, un enfrentamiento entre mayas y «los blancos» criollos y mestizos de la élite de la zona, quienes a su vez armaron a sus siervos mayas para que combatieran por ellos a sus hermanos de raza.

Guerra de castas, acuarela
Acuarela que representa la guerra de castas, está ubicada en el Museo del Pueblo Maya de Dzibilchaltún. Foto: INAH

En su primer templo sólo podían entrar los generales a escuchar a la cruz. Los soldados y las mujeres permanecían afuera esperando oír cuáles eran sus órdenes. 

Hoy en día las jerarquías de las guardias que custodian el santuario donde reside son nombradas de manera militar. Son estas guardias que organizan los cultos.

¿Cómo surgió la cruz parlante?

Se dice que un mestizo desertor del ejército yucateco llamado José María Barrera, descubrió, hacia mediados de 1850, un cenote cercano a Kampocolché.

Anne K. Bennett, arqueóloga de la Universidad de Arizona indica que no está claro si Barrera encontró el lugar ya señalado por una cruz o si él la marcó, pero llevó a los mayas a rezar ahí. Entonces algo insólito sucedió: la cruz respondió en maya a sus plegarias.

En esa empresa Barrera fue ayudado por Manuel Nahuat, ventrílocuo indígena, quien en calidad de “intérprete de la cruz” llevó a los mayas los mensajes divinos.

Para los mayas refugiados en la selva eso se convirtió en un signo milagroso y poco a poco se fueron instalando en los alrededores, poniendo ofrendas y velas ante las cruces.

La aparición de la cruz parlante, y el hecho de que los mayas se reunieran a su alrededor, dio origen a una comunidad de nombre Chan Santa Cruz (Pequeña Santa Cruz), que sería el santuario y el bastión de los rebeldes durante toda la guerra de castas. En este lugar se ubica actualmente la ciudad de Felipe Carrillo Puerto.

La cruz devolvió la confianza y el espíritu de lucha a los mayas y los convenció de que atacaran el pueblo de Kampokolché, en poder de los yucatecos.

Acuarela que representa la guerra de castas, está ubicada en el Museo del Pueblo Maya de Dzibilchaltún. Foto: INAH

Sin embargo, el presagio del oráculo falló, y los mestizos y criollos derrotaron en esa batalla a los mayas. Tomaron algunos prisioneros, por quienes supieron del nuevo culto que está surgiendo en torno a la cruz parlante.

Con la idea de dar un duro golpe a la rebelión maya, el gobierno atacó Chan Santa Cruz el 23 de marzo de 1851. Cumplieron su objetivo y destruyeron la cruz y las ofrendas que se le habían ofrecido. En esta acción murió Manuel Nahuat, el ventrílocuo indígena que daba voz a la cruz.

La cruz parlante se vuelve símbolo sagrado

La cruz parlante debe haber sido un símbolo efectivo para reanimar a las fuerzas mayas en la guerra de castas ya que pronto aparecieron tres cruces hijas para reemplazar a la original y fueron fácilmente aceptadas por los rebeldes, a quienes ya se conocía como mayas cruzoob.

Las tres cruces estaban vestidas con los tradicionales hábitos femeninos: huipil y falda. Las instalaron lejos de la vista pública en un templo.

La muerte del ventrílocuo hizo necesario cambios para que la cruz expresara sus mensajes. Las tres Cruces dictaban su mensaje a un secretario dentro del un santuario llamado La Gloria.

La cámara en la que estaban las cruces fue construida de tal forma que los seguidores del nuevo culto podían escuchar las voces de las cruces desde afuera, indica la arqueóloga.

Posiblemente los efectos del sonido eran producidos por ayudantes del secretario Juan de la Cruz Puc, quien era responsable de interpretar los sonidos de las cruces para escribir el mensaje y poderlo leer al pueblo.

Se hicieron también arreglos para la protección de las cruces: se construyeron barricadas de piedra a su alrededor y una Guardia patrullaba el santuario constantemente, mientras a La Gloria se permite el acceso sólo a unos cuantos asistentes.

Determinadas a destruir el nuevo culto, las tropas del gobierno planearon atacar el nuevo centro el 3 de mayo, fiesta cristiana del hallazgo de la Santa Cruz.

Acuarela que representa la guerra de castas, está ubicada en el Museo del Pueblo Maya de Dzibilchaltún. Foto: INAH

Barrera que controlaba un efectivo sistema de espionaje supo de los planes y ordenó que Chan Santa Cruz fuera evacuada, las fuerzas yucatecas entraron a la ciudad de noche sólo para hallarse en la mañana rodeados de rebeldes.

El ejército gubernamental se retiró, pero la guerra continuó. Barrera fue muerto el último día de 1852, pero su hijo Agustín tomó el liderato.

Durante los años que le quedaban a la guerra de castas, el gobierno intentó tomar Chan Santa Cruz, sin embargo varias veces que incursionaron en el asentamiento, lo encontraban vacío y después eran rodeados por los mayas que lograban repelerlos.

¿Qué es la guerra de castas?

La Guerra de Castas es el movimiento social que los nativos mayas del sur y oriente de Yucatán iniciaron el 30 de julio de 1847 contra la población de “blancos” (criollos y mestizos), que se encontraba mayoritariamente establecida en la porción nor-occidental de la península de Yucatán.

La guerra costó cerca de un cuarto de millón de vidas humanas y terminó oficialmente en 1901 con la ocupación de la capital maya de Chan Santa Cruz, donde estaba la Cruz Parlante, por parte de las tropas del ejército federal mexicano.

Los mayas iniciaron esta rebelión porque estaban cansados de la situación injusta en que vivían. Fue en Tepich donde estalló la rebelión que duró 54 años, aun cuando los problemas de fondo que la originaron continuarían siendo motivo de inquietud hasta 1937.

En 1848 la guerra de castas se había extendido por toda la península y parecía que los indígenas podrían exterminar a la población blanca y mestiza.

Aprovechando la experiencia bélica que habían adquirido en las continuas guerras civiles del Estado, planearon el movimiento rebelde Manuel Antonio Ay, cacique de Chichimilá; Cecilio Chi cacique de Tepich, y Jacinto Pat, cacique de Tihosuco.

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Acuarela que representa la guerra de castas, está ubicada en el Museo del Pueblo Maya de Dzibilchaltún. Foto: INAH

En los primeros años de la guerra se planteó la división de Yucatán en dos países distintos: uno de mexicanos y otro de indios insurrectos, medida en la que tuvo gran interés Inglaterra, al grado de que se comprometió a negociar con los rebeldes el abandono de las armas y su inserción al trabajo. Los ingleses proporcionaron armas y recursos a los mayas a cambio de madera de «palo de tinte».

Estados Unidos también estuvo interesado, aunque con el único objetivo de establecer un imperio esclavista en el Caribe, además de no permitir la entrada de ingleses al continente.

Cabe mencionar que no era la primera vez que surgía la idea de separar a Yucatán del resto de México. A mediados de la década de 1840, la élite del estado de Yucatán ya era conocida por sus ideales separatistas. Impulsó dos intentos de declararse un país independiente a México. El primero fue en 1841 y el segundo en 1846.

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