Llegada de Cristóbal Colón a América: libertad sexual, mestizaje y genocidio de indígenas

La llegada de Cristóbal Colón a América cumple este 12 de octubre de 2021, 529 años y aún hoy el tema sigue causando polémica en el mundo, tanto que en los últimos años hemos visto caer en medio de manifestaciones masivas estatuas del «descubridor» del nuevo mundo y otros colonizadores.

Los españoles consideraban a los naturales de América como unos bárbaros e incivilizados. Aun así se permitieron apreciar la estética de sus cuerpos desnudos y se permitieron libertad sexual con ellos hasta el mestizaje, mientras a la par los sometían a condiciones infrahumanas que rayaron en el genocidio.

La libertad sexual y el mestizaje en el «descubrimiento de América»

En su diario de navegación Cristóbal Colón escribió de los pobladores de la raza de los tainos que: “Son de los más bellos y mejor proporcionados. Todos de buena estatura, los cabellos no crespos y gruesos como cerdas de caballo”.

Cristóbal Colón
Cristóbal Colón

La relación del Almirante no ahonda más en el tema, pues sabía que se dirigía a una corte católica e intolerante: la corte de España, por lo que fue prudente en sus narraciones.

Sin embargo, el italiano Michel de Cúneo, integrante de la expedición del genovés, narró cómo sedujo y violó a una taina: “la bella se resiste, recurro a un látigo. Al final hay una reconciliación erótica-dialéctica y ella muestra cualidades y una sabiduría sexual que excede todo lo que podría haber imaginado”.

A la falta de oro, los conquistadores encontraron consuelo en los cuerpos. Los hombres acostumbrados a no ver a una mujer desnuda ni en la noche de bodas —para esa ceremonia las féminas usaban un sayal liviano con un agujero— encontraron en América un escape a la represión sexual de España.

De todos los reinos imperialistas de la Europa moderna, sólo en el español se permitió el mestizaje. Ni los británicos en África, ni los neerlandeses y franceses en Asia y Malasia crearon una nueva raza. En América se produjeron matrimonios entre caballeros e indígenas de alta cuna.

También los criminales desterrados de Castilla tomaban por la fuerza o por grado a las mujeres, hijas y hermanas de los reyes y señores indígenas, dice la relación de Bartolomé de Las Casas.

De los hombres, el cronista nos dice que eran destinados a los más bajos y viles trabajos.

Genocidio en América tras la llegada de Cristóbal Colón

Durante el gobierno de Cristóbal Colón en América —concedido, antes de su llegada, por los reyes de España, Isabel y Fernando— se inició el sometimiento, maltrato y exterminio de los naturales.

La primera colonia fundada después del «descubrimiento de América» fue la Isabela. El Almirante partió de allí con rumbo a la isla de Cibao en 1494. En dicho lugar construyó la fortaleza de Santo Tomás que dejó a cargo de Pedro Margarite, a quien le dio instrucciones de cortar la nariz y las orejas de los isleños que robaran algo.

Él se marchó a realizar nuevas exploraciones. A su regreso se enteró de que los indígenas, a los que Margarite quiso forzar al trabajo de las minas, abandonaron sus hogares y se preparaban para la resistencia.

Colón decidió abrir una campaña, nombró como Adelantado militar a su hermano Bartolomé, quien derrotó a los isleños a mediados de marzo de 1495.

Los prisioneros fueron hechos esclavos, y se les obligó a pagar tributo. Para llevar el control de quienes cumplían y de los que no, mandó a hacer una moneda de cobre o de latón con una señal, ésta se colgaba al cuello de quienes habían dado su contribución.

El almirante trajo de España jaurías enteras de perros corsos, sabuesos y lebreles para usarlos en la caza de los indígenas que trataban de huir. Los animales atacaban a los fugitivos ferozmente por la espalda, los derribaban y despedazaban. Algunos perros, como el famoso becerrico, lograron un triste renombre y fueron padres de acreditadas razas que, por su maestría en rastrear y despedazar a los indígenas, gozaban de alta estima.

El cronista Oviedo escribió de Becerrico: “era ferocísimo defensor de la fe católica y de la moral sexual, descuartizó más de doscientos indios por idólatras sodomitas y por delitos abominables, habiéndose vuelto con los años muy goloso de carne humana”.

Explotación de indígenas tras el «descubrimiento» de América

Nicolás de Ovando, tercer gobernador de la Isabela, lo que siguió con las prácticas de Cristóbal Colón que llevaban a la destrucción de los pueblos de América.

Amparado por la licencia dada por la Corona el 20 de diciembre de 1503, que le autorizaba a forzar a los indígenas a trabajar, asignó a cada español de 30 a 60 isleños para el cultivo y la explotación de las minas.

Los indígenas debían trabajar de seis a ocho meses a cambio de un jornal insignificante. Los alejaban de sus comunidades y cualquier pretexto era bueno para prolongar su condena.

Para comer debían arrastrase debajo de la mesa para alzar los huesos que los españoles les arrojaban; los roían y chupaban para luego machacarlos con piedras y comerse el polvo con su pan de cazabe.

Si trataban de huir eran cazados con los perros, azotados y regresados a trabajar con grillos en los pies. La mayoría moría antes de cumplir su servicio y a los que quedaban libres les faltaban fuerzas para regresar a sus aldeas.

Al respecto Bartolomé de Las Casas escribió:

“Yo topé algunos muertos por los caminos, y otros debajo de los árboles boqueando, y otros con el dolor de la muerte dando gemidos y como podían diciendo ¡hambre, hambre! Los más resistentes, que conseguían, a pesar de todo, regresar a su tierra, hallaban sus chozas abandonadas y sus plantíos devastados; todo se había evaporado mágicamente ante el terror blanco”.

Bartolomé de Las Casas
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