Descubren sorprendente estrella de mar en el Templo Mayor de Tenochtitlán

aztecas
Portada » aztecas » Descubren sorprendente estrella de mar en el Templo Mayor de Tenochtitlán

Este primero de marzo de 2022 ocurrió un descubrimiento destacado en las excavaciones del Templo Mayor de Tenochtitlán, en pleno corazón de la Ciudad de México. Se trata de una estrella de mar.

Se trata de «la estrella de mar más completa y mejor articulada que jamás se haya visto en las excavaciones en el Templo Mayor», indicó el arqueólogo Leonardo López Luján, quien encabeza el proyecto Templo Mayor.

El fósil descubierto corresponde a una Nidorellia armata, ejemplar que procede del Pacífico, y conocida vulgarmente en inglés como «choco chip».

estrella de mar más completa hallada en el Templo Mayor
Foto: Leonardo López Luján

Se sabe que los mexicas importaron especies marianas desde costas que se encontraban a más de 300 km de distancia de la antigua Tenochtitlan. Eran llevadas hasta la gran ciudad azteca por porteadores que iban a pie desde la costa hasta el altiplano.

Los recolectores prehispánicos pudieron obtener las estrellas de mar caminando sobre las playas, o bien, mediante buceo libre a profundidades de aproximadamente 20 metros.

Fueron los especialistas Miguel Báez y Tomás Cruz, quienes realizaron el hallazgo prehispánico.

Los hallazgos de estrellas de mar y otras especies marinas son comunes en el Templo Mayor, sin embargo, esta estrella «choco chip» es la más completa hasta ahora encontrada.

¿Cómo era la estrella de mar «choco chip» encontrada en el Templo Mayor?

Esta estrella de mar es fácilmente reconocible por las grandes espinas negras distribuidas radialmente en su parte dorsal y por sus brazos cortos y gruesos, ampliamente unidos al disco central.

estrella de mar choco chip

Las estrellas de mar en el Templo Mayor

Desde 2007 especialistas de los institutos Nacional de Antropología e Historia (INAH) y de Ciencias del Mar y Limnonología (ICML) de la UNAM trabajan en el reconocimiento de estrellas de mar en el contexto arqueológico de la gran Tenochtitlán.

Hasta 2018 se habían localizado 55 mil 69 remanentes de dichos animales en 20 ofrendas del Recinto Sagrado.

Dado que los elementos se localizaron desarticulados, es decir, no en forma de esqueletos armados, se dio paso a la limpieza y separación por tamaño y forma de cada una de las placas encontradas.

Carolina Martín Cao, del Instituto de Ciencias del Mar y Limnonología (ICML) de la UNAM, explicó que en aras de identificar a qué especie pertenecían las estrellas de mar, se tomaron ejemplares modernos resguardados por la colección de equinodermos del ICML, a los cuales les fue retirada la piel en laboratorio con el fin de acceder a sus endoesqueletos y poder contrastarlos con los elementos arqueológicos.

Así fue posible reconocer seis especies de estrellas de mar en 13 de las 54 ofrendas excavadas en torno al monolito de Tlaltecuhtli. Cinco de ellas (Luidia superbaAstropecten regalisPhataria unifascialisNidorelia armata y Pentaceraster cumingi) proceden de las costas del océano Pacífico, y una más (Astropecten duplicatus) del Atlántico.

Foto: INAH

Es una especie proveniente de las partes más cálidas del Pacífico oriental, donde se distribuye desde el Golfo de California hasta el noroeste de Perú, incluidas las Galápagos. Es la única especie del género Nidorellia . N. armata se puede encontrar en aguas tropicales aferrándose a corales y arrecifes rocosos.

Leonardo López y Belem Zúñiga mencionaron que las estrellas de mar, al ser animales exóticos, es decir, no endémicos de la Cuenca de México y distintos a los hallados en contextos domésticos y rurales del periodo Posclásico Tardío (1325-1521 d.C.), eran colocadas al fondo de ofrendas para recrear el inframundo acuático de dioses como Tláloc.

López Luján plantea la posibilidad de que los mexicas hubiesen transportado estos animales en colectores cargados con agua salada, y que los resguardaran hasta la fecha de su uso ceremonial en el llamado Vivario de Moctezuma, un sitio que se sabe contenía estanques de agua salada y se localizaba en el terreno que hoy ocupa el Museo Nacional de las Culturas.

Tal teoría se fortalece sabiendo que la estrella de mar puede sobrevivir varios meses sin alimentarse, o bien que es un ser “oportunista” en su dieta, pues en función de su circunstancia opta por ser carnívoro, herbívoro, carroñero o caníbal.

Pese a lo descubierto, los expertos apuntaron existen aún interrogantes. Una de ellas, planteada por Leonardo López, es por qué los mexicas, a diferencia de pobladores de ciudades anteriores en el tiempo, como Tula, Cacaxtla, Teotenango y Teotihuacan, no dejaron ninguna evidencia artística, arquitectónica, cerámica o textil de las estrellas de mar, que ahora se sabe conocían y usaban con fines religiosos.

Deja un comentario