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El origen de las palomitas de maíz es prehispánico

El origen de las palomitas de maíz es prehispánico. Sí, uno más de los regalos de los antiguos pueblos de México para el mundo.

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Investigaciones arqueológicas han situado en 5000 años a.C. la antigüedad del uso de maíz tostado para producir lo que ahora conocemos como palomitas, y que de acuerdo a las crónicas de Fray Bernardino de Sahagún, los antiguos mexicanos las llamaban “momochtli” en náhuatl.

En sus relaciones de la época, los conquistadores asentaron el hallazgo de tumbas de más de mil 500 años de antigüedad en las cuales había restos de las palomitas llamadas «crispetas».

¿Cómo se usaban las palomitas en el México prehispánico?

Las palomitas, como el pozole, eran parte de actos rituales. En las festividades, grupos de jóvenes bailaban con guirnaldas de palomitas sobre las cabezas, así lo describe El Libro II de la «Historia General de las Cosas de Nueva España».

De acuerdo con las crónicas, en la fiesta Tlaxcaxipehualiztli que significa desollamiento de hombres, dedicada a los dioses Huitzilopochtli y Xipe Tótec, uno de los cuatro Tezcatlipocas, que se desprendió de su piel para ofrecerla como alimento a la humanidad.

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Foto: INAH

Era en honor de Xipe Tótec que también se realizaba el ritual llamado «rayamiento» o «sacrificio gladiatorio» en un «cuauhxicalli» (una piedra, como la llamada Piedra de Tizóc en la que se desarrollaba el combate que terminaba en sacrificio.

En particular para la Tlaxcaxipehualiztli, un día después de los rituales de sacrificio, se realizaba una jornada solemne en la que se adornaban con collares de palomitas.

Así lo describía Sahagún:

«Al día siguiente todos se aparejaban para un solemne areito, el cual comenzaban en las casas reales; aderezábanse con todos los aderezos o divisas, o plumajes ricos que había en las casas reales, y llevaban en las manos en lugar de flores todo género de tamales y tortillas; iban aderezados con maíz tostado, que llaman momochtli, en lugar de sartales y guirnaldas”.

Sahagún.

En cuanto a la comida de la fiesta, el cronista señala: “comían todos unas tortillas como empanadillas que hacían de maíz sin cocer (quesadillas), a las cuales llamaban uilocpalli».

Las palomitas y el juego de Pelota

Hallazgos recientes de Philip Arnold, comentados por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, apuntan a que durante el juego de pelota se comía palomitas de maíz.

En un basurero de juego de pelota de Teotepec, Veracruz, se encontraron restos de maíz, por lo que se infiere que durante la práctica de este deporte-ritual se comía maíz en forma de palomitas.

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Carne de res no gustaba a indígenas de Nueva España

Durante la Colonia, los indígenas que habitaban la ciudad de México se alimentaban básicamente de maíz y vegetales, en tanto que “la carne de vaca les parecía de mal sabor y era muy cara”. Esto se pudo constatar a través de un análisis químico e histórico realizado a 40 osamentas de individuos que vivieron hace 400 años.

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Los indígenas de la Nueva España preferían el consumo del maíz

La doctora en antropología física, Oana del Castillo, adscrita al Centro INAH-Yucatán, destacó que “todo lo que consume un ser humano queda registrado en su esqueleto”. Bajo esta premisa se dio a la tarea de examinar los restos óseos de dos colecciones: una procedente del Hospital de San José de los Naturales, donde se atendía a los indígenas, y la otra del Hospital de San Juan de Dios, al que acudían las castas, los dos funcionaron en la Ciudad de México durante los siglos XVII y XVIII.

Al participar en el Seminario de Antropología Médica, organizado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), con el tema Dime qué comes…alimentación y condiciones de salud en poblaciones antiguas indígenas y castas. Siglos XVII y XVIII, la investigadora explicó que el objetivo del estudio era saber si ambos grupos poblacionales tenían la misma dieta y cuál había sido el impacto en su salud.

¿Cómo se supo qué comían los indígenas y las castas de la Colonia?

Del Castillo explicó que los restos óseos analizados tienen una mayor proporción de huellas de estroncio, elemento químico que se encuentra en los vegetales, que se adhirió a los huesos de los indígenas, a diferencia de lo encontrado en las osamentas de las castas, donde la cantidad de magnesio y zinc era más alto, lo que indica el consumo de carne y sus derivados.

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Las castas consumían más carne y sus derivados

Lo que podemos observar con los datos químicos es que los indígenas comían más vegetales que productos animales. Los análisis efectuados en las osamentas confirman lo que las fuentes históricas indican: para la población indígena virreinal, la carne de res no era muy apetecible, además de ser cara, asimismo tenían mucho problema para consumir leche, porque les causaba molestias por la lactosa, y no se conservaba fácilmente.

“Si comían carne era pescado y aves de corral, como el guajolote o las gallinas, y otras de tipo silvestre, como tórtolas y palomas, que llegaron con los españoles. Por su parte, las castas sí comían alimentos que llegaban de ultramar, pues el hecho de ejercer un oficio les permitía comprar vegetales no nativos, frutas, lechuga, carne, pan, papas, en general todo lo que consumían los españoles, de acuerdo con su poder adquisitivo”, abundó Del Castillo.

La antropóloga recordó que las castas “hasta presumían sacudiéndose las migajas de pan, pues consideraban que esto los acercaba más a los españoles”.

Dicho sector poblacional, dijo, ocupaba uno de los estratos más bajos de la sociedad virreinal, pero podían hacerse de oficios. Eran herreros, alfareros, albañiles. En las zonas ganaderas y pulqueras trabajaban como peones, mientras que los indígenas eran sirvientes o peones de campo, no podían acceder a otras ocupaciones que les garantizaran dinero.

El estudio también permitió descubrir que los indígenas de la ciudad de México padecieron anemia a causa de una nutrición deficiente, y que las enfermedades infecciosas eran frecuentes. Por otra parte, ambas poblaciones perdían rápidamente sus piezas dentales por falta de limpieza.

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Los índigenas padecían anemía

Las dentaduras analizadas por la antropóloga presentan rastros de severos cálculos dentales ocasionados por el sarro, así como caries y abscesos. Al final de su vida estos individuos contaban con dentaduras en muy mal estado, lo cual contribuía al deterioro de su estado de salud y de nutrición.

La investigación hecha a las dos colecciones óseas también revela que la esperanza de vida tanto de castas como de indígenas era de alrededor de 32 años.

Los esqueletos analizados pertenecen al Laboratorio de Osteología, del posgrado en Antropología Física de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH). La colección del Hospital de San José de los Naturales contiene 450 osamentas, y la del San Juan de Dios es de 200.

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