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Palacio azteca Axayácatl, descubierto en el Monte de Piedad

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Foto: INAH

El palacio azteca Axayácatl fue descubierto bajo los pisos del Nacional Monte de Piedad en la Ciudad de México. Los restos del importante palacio de Tenochtitlan reviven la muerte del emperador azteca Moctezuma Xocoyotzin, posiblemente ocurrido el 29 de julio de 1520.

Junto con los restos del palacio Axayácatl se descubrieron vestigios de una casa construida bajo las órdenes de Hernán Cortés, mediante la reutilización de los materiales de la edificación azteca.

Las excavaciones de arqueólogos del INAH dieron como resultado el hallazgo de pisos de lajas de basalto, los cuales debieron integrar parte de un espacio abierto del Palacio de Axayácatl, gobernante que dirigió los destinos de Tenochtitlan entre 1469 y 1481.

Los vestigios del palacio Axayácatl se hallaron debajo del firme de la casa virreinal, a más de 3 metros de profundidad. Se trata de piso de lajas de basalto, pero de época prehispánica. Dadas sus características, los expertos sostienen que formó parte de un espacio abierto del antiguo Palacio de Axayácatl, probablemente, un patio.

Los restos de la casa que está por encima del Palacio azteca corresponden al periodo virreinal temprano (1521-1620 d.C.).

A la edificación colonial corresponden los restos de una habitación hecha con sillares de basalto y tezontle —de 5 por 4 metros—, cuyo desplante partía de un piso de lajas de basalto. Análisis posteriores permitieron concluir que ésta fue la morada de Hernán Cortés, una vez caída México-Tenochtitlan, en 1521.

Los especialistas hacen hincapié en que los vestigios de la naciente época virreinal corresponden a materiales reutilizados de las Casas de Axayácatl que, al igual que otras estructuras del Recinto Sagrado de Tenochtitlan, fueron destruidas por los españoles y sus aliados indígenas, casi hasta sus cimientos.

Ejemplo de lo anterior es que, empotrados en la fachada de la esquina interior sureste del cuarto colonial, se detectaron dos sillares prehispánicos trabajados en altorrelieve que representan una serpiente emplumada (Quetzalcóatl) y un tocado de plumas, los cuales debieron pertenecer a un panel del Palacio de Axayácatl. Así también, formando parte un fuste, se registró otra escultura mexica con el glifo que simboliza el tianquiztli o mercado.

Algunos de los materiales diagnósticos, los cuales permiten fechar de forma preliminar estos hallazgos, son restos de cerámica prehispánica y colonial, cuyos tipos (estilos) corresponden a los periodos históricos referidos: Azteca III: Anaranjado Monocromo, Negro sobre Anaranjado y Loza Texcoco Bruñida; además de loza vidriada y mayólica española y novohispana.

El Palacio Axayácatl, donde los aztecas hospedaron a Hernán Cortés

El Palacio Axayácatl, ubicado bajo los pisos del Nacional Monte de Piedad, fue donde los mexicas dieron hospedaje al conquistador español Hernán Cortés a su llegada a la ciudad de Tenochtitlan.

Dentro de los muros de las Casas Viejas de Axayácatl acaecieron algunos de los episodios más decisivos de la conquista de México-Tenochtitlan, como la muerte del tlatoani Moctezuma Xocoyotzin, posiblemente, el 29 de junio de 1520; giros inesperados que minaron la relación entre mexicas y españoles hasta desencadenar la confrontación abierta, señaló el INAH.

Ese espacio, el cual habitó el español por algunos años, también sería la sede del primer Cabildo de la Nueva España (hacia 1525) y del Marquesado del Valle de Oaxaca, concedido al conquistador cuatro años después.

Casas Viejas del Palacio Axayácatl muestran la destrucción que causaron los españoles

Raúl Barrera, también investigador de la Dirección de Salvamento Arqueológico del INAH, reflexiona que existen testimonios materiales que resultan elocuentes por su escasez, y es el caso de los recientes descubrimientos en el Nacional Monte de Piedad, los cuales “hablan” de la destrucción a la que fueron sometidos los edificios principales de Tenochtitlan, tanto con fines simbólicos como prácticos.

Pasajes de la historia de los mexicas en el Palacio Axayácatl

Pese a la humildad de estos testigos, esos pisos prehispánicos fueron los mismos por los que deambularon los invasores españoles y sus aliados a su llegada a Tenochtitlan, el 8 de noviembre de 1519. Moctezuma II les permitió alojarse en las casas viejas que habían pertenecido a su padre y, al poco tiempo, las convirtieron en su cuartel.

Estando en ese palacio, diversos hechos se suscitaron; por ejemplo, adecuaron una habitación para dar misa y, ahí mismo, mantuvieron cautivos a varios gobernantes, empezando por quien fuera su anfitrión: Moctezuma Xocoyotzin; Cuitláhuac, señor de Iztapalapa; Cacamatzin, tlatoani de Texcoco, e Itzcuauhtzin, señor de Tlatelolco, entre otros.

Luego de que el 22 de mayo de 1520, por orden de Pedro de Alvarado, se suscitó la matanza de la fiesta de Tóxcatl, en el Templo Mayor, los españoles se replegaron y regresaron al Palacio de Axayácatl. Ese hecho desató el enojo de los mexicas y, hacia finales de junio de ese año,  sitiaron a los invasores en ese inmueble. Hernán Cortés quiso contener la furia a través de Moctezuma, quien desde la azotea intentó aplacarlos, pero los esfuerzos fueron en vano, pues su hermano Cuitláhuac era el nuevo gobernante.

La noche del 30 de junio de 1520, los españoles huyeron a Tlaxcala por la calzada de Tlacopan (hoy Tacuba), dejando atrás las Casas Viejas de Axayácatl.

 Casas de Cortés

Tras la caída de Tenochtitlan, los mexicas sobrevivientes fueron obligados a destruir, con sus propias manos, sus templos y palacios y, con los mismos materiales, a levantar la nueva ciudad. Las Casas Viejas de Axayácatl darían lugar a las Casas de Hernán de Cortés, las cuales fueron también sede temporal del primer Cabildo de la Nueva España, hacia 1525, y del Marquesado del Valle de Oaxaca, título nobiliario para hacerse cargo de una especie de gobierno, concedido por sus servicios a la Corona española, en 1529.

A la muerte del conquistador, en 1547, sus descendientes mantuvieron la propiedad. Martín Cortés Zúñiga, su hijo, heredó el marquesado, pero, en 1566, al verse involucrado en una conspiración que pretendía apoderarse del gobierno de la Nueva España, fue expulsado del virreinato. Las casas y el extenso terreno quedaron en manos de un apoderado legal y, ya en malas condiciones, fueron vendidas al Sacro Monte de Piedad, en 1836.

La rehabilitación del Monte de Piedad permitió descubrimiento del Palacio azteca Axayácatl

El Monte de Piedad es uno de los edificios más emblemáticos del primer cuadro de Ciudad de México, ubicado a un costado de la Catedral Metropolitana.

En las últimas dos décadas y aprovechando obras de rehabilitación en la casa matriz de esa institución, diversos expertos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) han hallado retazos de la antigua residencia del padre de Moctezuma II, cuyos descubrimientos más recientes se registraron durante las intervenciones arqueológicas encabezadas por Raúl Barrera Rodríguez y José María García Guerrero, responsable y colaborador, del Programa de Arqueología Urbana (PAU), respectivamente.

Tras una inspección con motivo de trabajos emprendidos en la mitad norte del inmueble histórico, el personal del PAU efectuó un salvamento arqueológico entre los primeros días de septiembre de 2017 y mediados de agosto de 2018, concentrándose en el patio principal y un cuarto adyacente. Cabe mencionar que el proyecto continúa en la fase de investigación.

La intervención arqueológica en el Monte de Piedad

El responsable del PAU, Raúl Barrera, y su colaborador José María García, explican que excavaron 12 pozos de sondeo —de 2 metros por lado y 1.50 m de profundidad— en torno al patio principal del Nacional Monte de Piedad, donde se efectuaban obras para reforzar las columnas que lo delimitan y soportan el primer nivel del edificio.

A través de los pozos, en los lados norte, este y oeste, se localizaron restos de un muro de piedra y argamasa —de 1.50 metros de alto por 1.25 m de ancho—, el cual sirvió de cimiento y desplante para una serie de columnas del inmueble edificado hacia 1755, lo que permite deducir que el patio central fue originalmente más amplio. También, en la sección oeste de este mismo espacio se encontraron los desplantes: basas y un fuste de otras columnas de la época virreinal temprana.

Sin embargo, las principales sorpresas aguardaban en el cuarto adyacente: los arqueólogos del PAU tuvieron la oportunidad de realizar una excavación extensiva, la cual permitió ubicar los restos de una habitación hecha con sillares de basalto y tezontle —de 5 por 4 metros—, cuyo desplante partía de un piso de lajas de basalto. Análisis posteriores permitieron concluir que ésta fue la morada de Hernán Cortés, una vez caída México-Tenochtitlan, en 1521.

Por debajo del firme de la casa cortesiana, a más de 3 metros de profundidad, se detectaron los restos de otro piso de lajas de basalto, pero de época prehispánica. Dadas sus características, los expertos sostienen que formó parte de un espacio abierto del antiguo Palacio de Axayácatl, probablemente, un patio.

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Mexicas practicaban canibalismo ritual

Restos óseos con marcas de corte y exposición al fuego han permitido corroborar que gobernantes, sacerdotes y algunos guerreros mexicas practicaban el canibalismo o antropofagia ritual en el periodo Posclásico (900-1521 d.C), informó el Instituto Nacional de Antropología e Historia de México.

Cráneo que muestra marcas de corte. Foto: INAH
Cráneo que muestra marcas de corte. Foto: INAH

La conclusión deriva de investigaciones del arqueólogo Gabino López Arenas en cráneos, tibias, peronés, húmeros y mandíbulas localizados en ofrendas del Templo Mayor de Tenochtitlan y otros recintos aledaños al centro histórico de ciudad de México.

“Se observó que a las víctimas inmediatamente después de ser inmoladas se les descarnaba, ya que una gran cantidad de partes óseas presentaba cortes o alteraciones que fueron hechas en hueso fresco y huellas de que estuvieron expuestas directamente al fuego”, afirmó López Arenas.

Restos óseos muestran exposición prolongada al fuego.
Restos óseos muestran exposición prolongada al fuego.

Comunión con la divinidad

El especialista comentó que la práctica de la antropofagia tenía como propósito “absorber la fuerza divina que albergaba el cuerpo de los sacrificados”.

Para los indígenas mexicas o aztecas, “las víctimas humanas eran la encarnación de los dioses a los que representaban y, al comer su carne, practicaban una especie de comunión con la divinidad”, abundó.

López Arenas citó en su estudio al escritor español Francisco Cervantes Salazar, quien detalló que piernas y brazos eran las porciones más apreciadas y las que con mayor frecuencia se consumían en el ritual de la antropofagia.

Piernas y brazos eran las porciones más apreciadas. Foto: INAH
Piernas y brazos eran las porciones más apreciadas. Foto: INAH

Carne humana no era para todos los aztecas

El arqueólogo señaló que la carne de los sacrificados era ingerida en determinadas ceremonias por individuos de alto rango, pero nunca llegó a figurar como alimento habitual en su dieta.

El análisis forma parte de la tesis de maestría “Decapitación y desmembramiento en rituales del recinto ceremonial de Tenochtitlan: una interpretación de su simbolismo”, donde sostiene que las manos y pies eran exclusividad del gran sacerdote y el gobernante.

El investigador añadió en su texto una cita del historiador español Diego Durán (1537-1588), quien escribió que dentro de la milicia mexica uno de los privilegios de los guerreros que adquirían el rango de tequihua era comer carne humana en ciertas ceremonias.

Para alcanzar dicho rango tenían que haber hecho al menos cuatro prisioneros en batalla.

¿A quiénes se comían los Mexicas?

Sobre las víctimas del sacrificio, el arqueólogo refirió que “podían ser de cualquier sexo y edad, y se sabe que generalmente eran cautivos de guerra o esclavos, y en contadas ocasiones era gente del pueblo o de la nobleza”.

“Las ofrendas humanas eran entregadas a los sacerdotes para que llevaran a cabo la occisión ritual (muerte violenta), y así aportaran la energía vital de los seres humanos a los dioses: la de los guerreros cautivos sería destinada al Sol y la de los esclavos a los dioses del agua y de los mantenimientos”, finalizó.

¿En qué fechas los aztecas comían carne humana?

Estos rituales en los que se practicaba la antropofagia se realizaban en fechas determinadas. Por ejemplo, en las fiestas del primer mes atlcahualo del año en el calendario mexica sacrificaban niños en honor de los dioses del agua o de la lluvia, y después de muertos los cocían y comían.

Mientras que en el mes tlacaxipehualizli, a los que sacrificaban en el templo de Huitzilopochtli los devoraban en la casa del guerrero que los capturó. Cocían la carne y daban a cada comensal un pedazo en una escudilla o cajete”, indicó el INAH.

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Huitzilopochtli nació en cerro de Coatepec, Hidalgo

 

Especialistas mexicanos aseguran haber localizado, según fuentes históricas y evidencias arqueológicas, el cerro Coatepec, un sitio que el pueblo azteca considera sagrado dado que allí nació su principal deidad, Huiztilopochtli, el dios de la guerra y del sol.

Cerro de Coatepec

Cerro de Coatepec, donde investigadores ubican el lugar de nacimiento de Huitzilopochtli. Foto: INAH

El investigador Fernándo López Aguilar dijo haber localizado el mítico cerro en el estado de Hidalgo, gracias a fuentes históricas prehispánicas y coloniales, así como a las similitudes entre el mito y la geografía del Valle del Mezquital, reveló el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

López Aguilar señaló que Coatepec, actualmente conocido como cerro Hualtepec o del Astillero, se ubica a unos 30 kilómetros de la zona arqueológica Pahñú, asiento de la cultura xajay, con una antigüedad desde el año 500 a.C. a 300 d.C., apuntó el INAH.

Según el arqueólogo, el cerro Coatepec es pieza central en la mitología mexica por ser escenario del embarazo de la diosa Coatlicue y el nacimiento de su hijo, el dios Huitzilopochtli.

Huitzilopochtli, dios de la guerra

Huitzilopochtli, dios de la guerra

López Aguilar explicó que esa montaña es citada por varios de los cronistas de la conquista, como fray Bernardino de Sahagún y Fernando de Alvarado Tezozomoc, y podría estar ubicada en el Valle del Mezquital, donde el cerro Hualtepec era considerado sagrado desde la época teotihuacana.

Representación prehispánica del Cerro Coatepec

Representación prehispánica del Cerro Coatepec

Precisó que este sitio “pudo ser el lugar donde los aztecas se estacionaron en su peregrinación antes de llegar a Tula” procedentes del también mítico Aztlán.

El arqueólogo recordó que durante décadas los estudiosos del mundo antiguo han buscado tanto Aztlán como el Coatepec en los estados de Durango, Zacatecas, Sinaloa y Nayarit, aunque actualmente se piensa que esos sitios pudieron estar en Michoacán, Guanajuato, Querétaro o Hidalgo.

Indicó que desde 1991 se ha estudiado el cerro Hualtepec, en cuya cima más alta existe una capilla con rocas provenientes de antiguas estructuras prehispánicas, así como una calzada de 400 metros.

En ese sitio se han encontrado restos de esculturas prehispánicas, entre estos una cabeza de serpiente labrada en piedra, “tal vez una representación de Xiuhcóatl“, arma de teas con la que Huitzilopochtli mató a su hermana Coyolxauhqui.

Pieza arqueológica encontrada en el Cerro Coatepec

Pieza arqueológica encontrada en el Cerro Coatepec

También se descubrieron al menos “siete elementos de forma ojival de lo que parece fueron almenas”, las cuales podrían estar relacionadas con los ornamentos de Coyolxauhqui.

Además, a la mitad del cerro Hualtepec hay un promontorio rocoso conocido como Peña de la Luna que, de acuerdo con el mito azteca, es la cabeza de Coyolxauhqui que quedó en la sierra mientras su cuerpo rodó hacia abajo hecho pedazos.

Coyolxauhqui,  diosa mexica lunar. Su hermano Huitzilopochtli la descuartizó pues ella planeaba matar a su madre.

Coyolxauhqui, diosa mexica lunar. Su hermano Huitzilopochtli la descuartizó pues ella planeaba matar a su madre.

“Es posible entonces que en alguna parte de la base del domo volcánico se encuentre la representación del cuerpo desmembrado de la hermana de Huitzilopochtli, que aún no hemos detectado”, afirmó López Aguilar.

“Sólo una excavación arqueológica en la cima del cerro Hualtepec permitiría corroborar la utilización de sus adoratorios para celebrar el mito de Huitzilopochtli”, indicó el arqueólogo.

 

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Carne de res no gustaba a indígenas de Nueva España

Durante la Colonia, los indígenas que habitaban la ciudad de México se alimentaban básicamente de maíz y vegetales, en tanto que “la carne de vaca les parecía de mal sabor y era muy cara”. Esto se pudo constatar a través de un análisis químico e histórico realizado a 40 osamentas de individuos que vivieron hace 400 años.

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Los indígenas de la Nueva España preferían el consumo del maíz

La doctora en antropología física, Oana del Castillo, adscrita al Centro INAH-Yucatán, destacó que “todo lo que consume un ser humano queda registrado en su esqueleto”. Bajo esta premisa se dio a la tarea de examinar los restos óseos de dos colecciones: una procedente del Hospital de San José de los Naturales, donde se atendía a los indígenas, y la otra del Hospital de San Juan de Dios, al que acudían las castas, los dos funcionaron en la Ciudad de México durante los siglos XVII y XVIII.

Al participar en el Seminario de Antropología Médica, organizado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), con el tema Dime qué comes…alimentación y condiciones de salud en poblaciones antiguas indígenas y castas. Siglos XVII y XVIII, la investigadora explicó que el objetivo del estudio era saber si ambos grupos poblacionales tenían la misma dieta y cuál había sido el impacto en su salud.

¿Cómo se supo qué comían los indígenas y las castas de la Colonia?

Del Castillo explicó que los restos óseos analizados tienen una mayor proporción de huellas de estroncio, elemento químico que se encuentra en los vegetales, que se adhirió a los huesos de los indígenas, a diferencia de lo encontrado en las osamentas de las castas, donde la cantidad de magnesio y zinc era más alto, lo que indica el consumo de carne y sus derivados.

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Las castas consumían más carne y sus derivados

Lo que podemos observar con los datos químicos es que los indígenas comían más vegetales que productos animales. Los análisis efectuados en las osamentas confirman lo que las fuentes históricas indican: para la población indígena virreinal, la carne de res no era muy apetecible, además de ser cara, asimismo tenían mucho problema para consumir leche, porque les causaba molestias por la lactosa, y no se conservaba fácilmente.

“Si comían carne era pescado y aves de corral, como el guajolote o las gallinas, y otras de tipo silvestre, como tórtolas y palomas, que llegaron con los españoles. Por su parte, las castas sí comían alimentos que llegaban de ultramar, pues el hecho de ejercer un oficio les permitía comprar vegetales no nativos, frutas, lechuga, carne, pan, papas, en general todo lo que consumían los españoles, de acuerdo con su poder adquisitivo”, abundó Del Castillo.

La antropóloga recordó que las castas “hasta presumían sacudiéndose las migajas de pan, pues consideraban que esto los acercaba más a los españoles”.

Dicho sector poblacional, dijo, ocupaba uno de los estratos más bajos de la sociedad virreinal, pero podían hacerse de oficios. Eran herreros, alfareros, albañiles. En las zonas ganaderas y pulqueras trabajaban como peones, mientras que los indígenas eran sirvientes o peones de campo, no podían acceder a otras ocupaciones que les garantizaran dinero.

El estudio también permitió descubrir que los indígenas de la ciudad de México padecieron anemia a causa de una nutrición deficiente, y que las enfermedades infecciosas eran frecuentes. Por otra parte, ambas poblaciones perdían rápidamente sus piezas dentales por falta de limpieza.

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Los índigenas padecían anemía

Las dentaduras analizadas por la antropóloga presentan rastros de severos cálculos dentales ocasionados por el sarro, así como caries y abscesos. Al final de su vida estos individuos contaban con dentaduras en muy mal estado, lo cual contribuía al deterioro de su estado de salud y de nutrición.

La investigación hecha a las dos colecciones óseas también revela que la esperanza de vida tanto de castas como de indígenas era de alrededor de 32 años.

Los esqueletos analizados pertenecen al Laboratorio de Osteología, del posgrado en Antropología Física de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH). La colección del Hospital de San José de los Naturales contiene 450 osamentas, y la del San Juan de Dios es de 200.

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