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Conquista de México: ¿por qué los españoles se decepcionaron con el oro de azteca y se maravillaron con el de Perú?

La conquista de México se consumó con la caída de la ciudad mexica de Tenochtitlán, sin embargo pese a la victoria militar y a la empresa de dominación de nuevas tierras que iniciaron, los soldados que pelearon con Hernán Cortés no quedaron satisfechos, incluso estuvieron decepcionados tras el reparto del oro.

Los españoles que se aventuraron por mar y tierra desconocidos de América más que gloria perseguían riquezas. Por ello su decepción fue grande cuando el conquistador Hernán Cortés, quien logró comunicarse con los indígenas gracias a la Malinche y Jerónimo de Aguilar, les entregó la parte de oro que les correspondía.

¿Cómo hizo Hernán Cortés el reparto de oro azteca?

Del oro obtenido en el saqueo del Tesoro de Moctezuma, transformado en lingotes de oro con los que huyeron de Tenochtitlán tras la Noche Triste, Hernán Cortés apartó una quinta parte para enviar a la Corona española, otra quinta parte para él y otras cantidades a razón de varios conceptos.

El resultado de ello, fue que la cantidad de oro que le tocó a los soldados fue tan pequeña que, de acuerdo con las crónicas de la época, algunos se negaron a recibirlo por considerar que no valía el haber arriesgado su vida.

¿Por qué Hernán Cortés encontró poco oro en México?

En su empeño por encontrar más oro, más riquezas, Hernán Cortés ordenó quemar los pies del ultimo tlatoani mexica, Cuauhtémoc, a quien le cuestionaban durante la tortura, la ubicación secreta de los tesoros.

Sin embargo, los mexicas no realizaban objetos de oro, tenían maderas finas, plumas iridiscentes, telas de tejido fino de algodón que tenían oro incorporado, pero no había lingotes, cruces o monedas de oro.

Para poderse llevar ese oro, los españoles lo separaron de los objetos del Tesoro de Moctezuma y lo fundieron para formar lingotes.

El arqueólogo Leonardo López Luján, director del Proyecto Templo Mayor, explica que la razón por la cuál los españoles quedaron decepcionados por el oro de México, fue que simplemente no lo había en grandes cantidades.

«México es un país pobre en oro nativo, el oro nativo es el oro puro que se encuentra en forma de pepitas y polvo en los recodos de ríos y arroyos en los arenales, hay muy poco en México, hay en Canadá, en California, en la mitad norte de Suramérica, sí existe el oro en México, pero no grande».

Leonardo López Luján, director del Proyecto Templo Mayor

La poca presencia de oro entre los mexicas ha llevado a que en 40 años del Proyecto Templo Mayor, que trabaja excavaciones arqueológicas en lo que fue Tenochtitlán, sólo se ha recuperado medio kilo de oro.

¿Dónde está el poco oro que existe en México? Los estados donde hay oro en México son los del norte del país, territorios a los que los aztecas no tenían acceso, además este oro se encuentra a grandes profundidades, por lo que para su extracción se requiere tecnología especial que no estaba disponible en la época de la conquista.

Estados con oro en México
Los estados de México que tienen oro. Foto: Colegio Nacional

Un elemento más es que el oro está mezclado con otros minerales, su separación requiere procesos metalúrgicos que se inventaron mucho tiempo después.

Y la escasa disposición de oro no sólo estaba presente entre los aztecas, sino también en otras culturas prehispánicas que habitaron lo que hoy es México. Por ejemplo, En Teotihuacán no se han encontrado oro, incluso ningún metal.

Contrastan con la generalidad del poco uso del oro, algunos sorprendentes descubrimientos arqueológicos que han dado con miles de kilos de oro en México. Sin embargo, aun estos excepcionales hallazgos se quedan pobres comparados con otros de Perú, Bolivia y Ecuador.

hallazgos arqueológicos de oro en México
Foto: Colegio Nacional

Los españoles se maravillaron con el oro de Perú

Muchos años después de la conquista de México, ocurrió la conquista de Perú, encabezada por Francisco Pizarro, quien encontró grandes cantidades de oro.

La expedición de Pizarro por el imperio Inca redituó el Tesoro de Cajamarca para los españoles. El tesoro fue reunido por los incas a petición de su Sapa llamado Atahualpa, quien ofreció dos habitaciones llenas de plata y una de oro a cambio de su libertad.

Piezas de oro peruano. Foto: Colegio Nacional

De este modo, al hacer el reparto entre las tropas, los soldados de Pizarro recibieron cantidades de oro 100 veces mayor a la que entregó Hernán Cortés.

La amplia diferencia fue narrada por Fernández de Oviedo, capitán que participó en la aventura española por América y que reportó en sus crónicas episodios históricos de la conquista:

«Ya todo lo de Cortés parece noche con la claridad que vemos la riqueza del mar del sur, pues que el rey Atahualpa tan riquísimo y aquellas gentes y provincias de quién se esperan, ha sacado otros millones muchos de oro. Hace que parezca poco todo lo que en el mundo se ha sabido, o sea llamado rico».

Gonzalo Fernández de Oviedo



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La Noche Triste: Hernán Cortés huía de Tenochtitlán con este lingote de oro

Durante la llamada Noche Triste los aztecas propinaron un duro golpe a los españoles conquistadores, lo que los obligó a salir huyendo de Tenochtitlán. Hernán Cortés y sus huestes llevaban consigo objetos valiosos saqueados de los tesoros mexicas, entre ellos un lingote de oro que hoy en día se exhibe en el Museo Nacional de Antropología.

Este tejo de oro es el único testimonio arqueológico de la llamada Noche Triste, episodio histórico previo a la caída de la ciudad México-Tenochtitlán y que este 2021 autoridades capitalinas renombraron como Noche Victoriosa al cambiar el nombre de la plaza donde se ubica el árbol ahuhuete en el que lloró Hernán Cortés. El sitio ahora se llama Plaza de la Noche Victoriosa.

¿Cómo es la barra de oro con la que huía Cortés la Noche Triste?

Estudios realizados por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en colaboración con el doctor José Luis Ruvalcaba, del Instituto de Física (IF) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), permitieron confirmar la composición exacta de la pieza:

  •  76.2 ± 1% de oro
  • 20.8 ± 1% de plata
  • 3.0 ± 0.5% de cobre

La composición química del lingote de oro permite confirmar que es una pieza originaria de los tesoros aztecas, ya que tiene menor porcentaje de cobre, como otras piezas del valioso metal recuperadas de excavaciones del Templo Mayor.

Ese detalle diferencia a los objetos de oro de los mexicas de los de los mayas, como los extraídos del Cenote Sagrado de Chichén Itzá o los de los mixtecos de los Valles Centrales.

Las características de la barra metálica coinciden con bastante exactitud a las referidas en fuentes históricas de la época colonial. La pieza concuerda con las descritas por Bernal Díaz al hablar de los tejos de oro que se obtuvieron de la fundición del “Tesoro de los antepasados de Moctezuma”.

El lingote pesa 1.930 kg y mide 5.4 centímetros.

“Bernal refiere que los tejos medían tres dedos de ancho, equivalente a 5.4 cm, y aunque no lo crean, eso mide el lingote hallado en 1981”.

Leonardo López Luján, director del Proyecto Templo Mayor (PTM)

Asimismo, en el Códice Florentino se asienta e ilustra que, una vez infringida la derrota a los españoles y sus aliados en la Noche Triste, los mexicas regresaron a los canales a buscar los objetos saqueados y es curioso que, uno de ellos aparece portando una espada en la mano derecha y un barrete de oro en la izquierda”.

¿Dónde se encontró el oro?

El hallazgo de la barra de oro, con la que huían Hernán Cortés y sus hombres de Tenochtitlán la Noche Triste, ocurrió el 13 de marzo de 1981, al norte de la Alameda Central de la Ciudad de México, lugar que corresponde a la ruta de la célebre fuga de los españoles.

El descubrimiento se concretó durante la construcción de la Banca Central (Bancen), en las inmediaciones de Avenida Hidalgo, en lo que hoy corresponde a los terrenos donde se asienta el Sistema de Administración Tributaria (SAT).

canal de Toltecaacaloco, donde está el SAT y se encontró oro que se llevaba hernán cortés
Así luce hoy lo que fue el canal de Toltecaacaloco, por donde huyó Cortés la Noche Triste y ubicación del SAT. Foto: Colegio Nacional

Uno de los trabajadores, Francisco Bautista, quien falleció en 2019 y tuvo la oportunidad de participar después en varias excavaciones arqueológicas, lo encontró a 4.80 m de profundidad y se encargó de entregarlo a los arqueólogos.

La ubicación del hallazgo concordaba con el camino seguido por Cortés y sus hombres en la Noche Triste: el canal de Toltecaacaloco; quedando sepultado en su lecho, hasta que casi 460 años más tarde fue descubierto por don Francisco. El tejo de oro llegó a las manos del director general del INAH, Gastón García Cantú, quien a su vez le informó al mandatario López Portillo.

¿Cómo inició la historia de la barra de oro mexica?

La historia de la barra de oro que hoy se encuentra en el Museo Nacional de Antropología e Historia inició el 8 de noviembre de 1519, es la historia de cómo Hernán Cortés encontró el tesoro de Moctezuma y cómo se decepcionaron los españoles que participaron en la conquista de México.

El 8 de noviembre de 1519 los españoles y sus aliados indígenas entraron a la ciudad de Tenochtitlán. Fueron recibidos por el emperador Moctezuma y su corte con regalos, estuvieron hospedados por meses en las famosas casas viejas de Axayácatl, padre de Moctezuma, ubicado en lo que es hoy el Monte de Piedad y donde los trabajos arqueológicos han permitido encontrar un relieve de águila real.

De acuerdo con las crónicas de Bernal Díaz del Castillo, que participó en la expedición, en su obra Historia Verdadera de la Conquista de Nueva España, Cortés ordenó a dos de sus hombres que instalaran un altar católico, al tratar de cumplir la encomienda, se dan cuenta de que existe un muro reciente que clausuraba una puerta.

Al poner la puerta la descubierto los españoles encontraron el llamado Tesoro de Moctezuma, que si bien era un tesoro para los aztecas, no era un cúmulo de oro como esperaban los españoles. El tesoro para los mexicas se entregaba de tlatoani en tlatoani y no se podía tocar, cada nuevo emperador tenía la misión de incrementarlo.

¿En qué consistía el Tesoro de Moctezuma? Los mexicas no hacían objetos de oro, tenían piezas que llevaba oro: maderas finas, plumas iridiscentes, telas de tejido fino de algodón que tenían oro incorporado, pero no había lingotes, cruces o monedas de oro.

¿Siempre tuvo forma de barra?

El lingote de oro con el que huían Hernán Cortés y sus hombres durante la Noche Triste, habría sido fundido entre 1519 y 1520”, detalló el doctor Leonardo López Luján, director del Proyecto Templo Mayor (PTM), iniciativa arqueológica del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

El lingote se formó con parte del oro que los españoles quitaron de los objetos del Tesoro de Moctezuma. Las crónicas señalan que dicha labor les tomó tres días, y que algunas piezas ya sin el oro fueron rescatadas por los tlaxcaltecas, aliados de Cortés.

Las conclusiones a las que han llegado los arqueólogos es que el lingote, hallado en lo que hoy es el SAT, fue elaborado entre noviembre de 1519 y junio de 1520, por los “plateros” de Moctezuma que residían en Azcapotzalco, y que fueron llevados a Tenochtitlán para fundir el oro bajo la supervisión y los estándares de los conquistadores españoles.

El lingote se confeccionó en las Casas Viejas de Axayácatl, fundiendo “un conjunto de joyas e insignias de orfebrería mexica”, a una temperatura de 950° C.

“Las piezas mexicas fundidas procederían del ‘Tesoro de los antepasados de Moctezuma’, hallados por los españoles en el Teucalco (Casas Viejas de Axayácatl) o, quizás, del oro obtenido como botín de guerra en los almacenes reales de Petlacalco, las armerías del Tlacochcalco o los talleres artesanales del Totocalli”.

Leonardo López Luján

El oro azteca resultó ser una decepción para los españoles, pues pese a haber torturado a Cuauhtémoc, el último emperador azteca al quemarle los pies, no lograron que confesara la ubicación secreta de más oro.

El arqueólogo López Luján explica que eso ocurrió porque simplemente no había más oro.

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Templo Mayor: hallan escultura de un águila real, la más grande hasta ahora encontrada

El templo Mayor, gran vestigio de lo que fue la capital azteca Tenochtitlán sigue revelando grandes tesoros arqueológicos. Esta vez hallaron una escultura de un águila real, la de mayor tamaño del conjunto de piezas escultóricas similares encontradas hasta el momento, informó el Instituto Nacional de Antropología e Historia en su cuenta de twitter.

Labrado sobre tezontle rojo y con dimensiones de 1.06 metros de largo por 70 centímetros de ancho, este bajorrelieve es el de mayor tamaño dentro de un conjunto de 67 elementos similares encontrados hasta el momento en el Templo Mayor.

Si bien fue en febrero de 2020 cuando un equipo multidisciplinario concluyó la liberación y la limpieza de esta itzcuauhtli, voz nahua que significa “águila de obsidiana”, y con la cual los mexicas se referían al águila real (Aquila chrysaetos canadensis), es ahora, cuando se ha profundizado su investigación en gabinete, que se da a conocer el hallazgo ocurrido en el Templo Mayor.

¿Por qué es importante el hallazgo de esta águila real en el Templo Mayor?

De acuerdo con los especialistas, la relevancia de la escultura se denota no sólo por su tamaño y acabado, sino también por su ubicación, al pie de la edificación más importante para los mexicas y en el eje central que cruza la ‘capilla’ de Huitzilopochtli y la escultura monumental de la diosa Coyolxauhqui.

También está próximo al Cuauhxicalco, edificio circular cuyo nombre se traduce como “lugar de la jícara del águila”, donde, según documentos del siglo XVI, se realizaban las incineraciones rituales de los gobernantes aztecas.

¿Dónde se encontró la escultura de águila real?

Bajo el entrecruce de las calles de República de Guatemala y de Argentina, en el núcleo urbano de la Ciudad de México, expertos del Proyecto Templo Mayor (PTM) del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) localizaron la «antigua y finamente lograda» escultura de bajorrelieve con la imagen de un águila real

Datos del hallazgo

Sobre el descubrimiento del bajorrelieve, el arqueólogo adscrito al PTM, Rodolfo Aguilar Tapia, quien investigó la pieza junto con las pasantes en arqueología Mary Laidy Hernández Ramírez y Karina López Hernández; y en antropología física, Jacqueline Castro Irineo, de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, informó que se verificó durante la novena temporada de campo del Proyecto Templo Mayor.

Dicha temporada, dirigida por el titular del Proyecto, el arqueólogo Leonardo López Luján, se ha centrado en explorar debajo del ‘puente liga’ que une a las calles de Guatemala y Argentina, donde en la época prehispánica se ubicaba la plaza oeste del Recinto Sagrado de México-Tenochtitlan.

La talla escultórica del águila real formaba parte de un piso de ese espacio, que habría estado en uso durante el gobierno de Motecuhzoma Ilhuicamina, entre los años 1440 y 1469 de nuestra era.

“Este piso es único en todo el Templo Mayor ya que contiene bajorrelieves que aluden a la concepción dual del edificio. Del lado sur, donde estamos explorando, se encuentran elementos como esta águila, vinculados con el ciclo mítico del nacimiento de Huitzilopochtli; mientras que al norte, los bajorrelieves localizados anteriormente —los primeros en 1900 por Leopoldo Batres, y los posteriores por el Proyecto Templo Mayor y el Programa de Arqueología Urbana (PAU)— contienen representaciones asociadas con Tláloc, el ciclo del agua y la regeneración del maíz”.

Aguilar Tapia precisa que gracias al trabajo realizado por los arqueólogos Eduardo Matos Moctezuma y Leonardo López Luján, hoy se cuenta con una correspondencia estratigráfica definida, la cual permite a los investigadores conocer en qué etapa constructiva del Templo Mayor se ubican los hallazgos, y a qué época pertenecen los mismos.

Así, ejemplifica, cuando se inició la exploración en el entrecruce citado, el piso que los arqueólogos veían era de la Etapa VI del Templo Mayor, correspondiente al gobierno de Ahuítzotl entre 1486 y 1502, mientras que ahora, tras minuciosas excavaciones, los especialistas han conseguido llegar hasta la Etapa IV-a, es decir, han retrocedido en el tiempo hasta la década de 1440 y al periodo de gobierno de Motecuhzoma I.

El referido piso de plaza fue cubierto desde tiempos prehispánicos durante las ampliaciones del Templo Mayor. “Por eso tiene un buen estado de conservación”, dice el investigador al destacar que “se trata de un elemento que nunca fue visto por los españoles”.

El simbolismo del águila real

La pausa en los trabajos en campo que trajo consigo la pandemia de la COVID-19, permitió a los investigadores del PTM hacer la investigación en gabinete de varios elementos, incluido el bajorrelieve. Entre otros aspectos, se estudiaron las representaciones iconográficas que existen del águila real en fuentes históricas como los códices, a fin de correlacionarlas con la escultura descubierta al pie del Templo Mayor.

Una de esas representaciones, señala Aguilar Tapia, está en la Lámina 50 del Códice Borgia, donde se muestra un águila real posando encima de un mezquite, árbol que surge desde una deidad descarnada. “Lo interesante es que esta imagen es iconográficamente muy similar al bajorrelieve hallado en el Templo Mayor, en ambas representaciones las plumas rematan en forma de cuchillos sacrificiales, los cuales aluden al nombre nahua del ave: águila de obsidiana”.

Para los mexicas, dicha ave de presa tenía relación estrecha con la guerra y el sacrificio, al tiempo que era considerada como un nahual del sol y, por ende, también de su dios tutelar, Huitzilopochtli.

En las entrantes temporadas de campo del PTM, concluye el investigador, las acciones se centrarán en terminar la exploración del piso donde se halla el bajorrelieve para buscar otros más y luego, con extremo cuidado, retirarlos temporalmente y poder indagar debajo de ellos en pos de ofrendas u otros elementos arquitectónicos. “Tras todo este proceso exploratorio, con apoyo de especialistas en restauración, volveremos a colocar cada bajorrelieve en su lugar preciso”, finaliza.

Elementos similares también podrían localizarse cuando se retomen las excavaciones en torno al Cuauhxicalco. La intención del PTM es que, luego de su investigación, los bajorrelieves puedan mostrarse al público en su posición original: al pie poniente del Templo Mayor.

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Mexicas practicaban canibalismo ritual

Restos óseos con marcas de corte y exposición al fuego han permitido corroborar que gobernantes, sacerdotes y algunos guerreros mexicas practicaban el canibalismo o antropofagia ritual en el periodo Posclásico (900-1521 d.C), informó el Instituto Nacional de Antropología e Historia de México.

Cráneo que muestra marcas de corte. Foto: INAH
Cráneo que muestra marcas de corte. Foto: INAH

La conclusión deriva de investigaciones del arqueólogo Gabino López Arenas en cráneos, tibias, peronés, húmeros y mandíbulas localizados en ofrendas del Templo Mayor de Tenochtitlan y otros recintos aledaños al centro histórico de ciudad de México.

«Se observó que a las víctimas inmediatamente después de ser inmoladas se les descarnaba, ya que una gran cantidad de partes óseas presentaba cortes o alteraciones que fueron hechas en hueso fresco y huellas de que estuvieron expuestas directamente al fuego», afirmó López Arenas.

Restos óseos muestran exposición prolongada al fuego.
Restos óseos muestran exposición prolongada al fuego.

Comunión con la divinidad

El especialista comentó que la práctica de la antropofagia tenía como propósito «absorber la fuerza divina que albergaba el cuerpo de los sacrificados».

Para los indígenas mexicas o aztecas, «las víctimas humanas eran la encarnación de los dioses a los que representaban y, al comer su carne, practicaban una especie de comunión con la divinidad», abundó.

López Arenas citó en su estudio al escritor español Francisco Cervantes Salazar, quien detalló que piernas y brazos eran las porciones más apreciadas y las que con mayor frecuencia se consumían en el ritual de la antropofagia.

Piernas y brazos eran las porciones más apreciadas. Foto: INAH
Piernas y brazos eran las porciones más apreciadas. Foto: INAH

Carne humana no era para todos los aztecas

El arqueólogo señaló que la carne de los sacrificados era ingerida en determinadas ceremonias por individuos de alto rango, pero nunca llegó a figurar como alimento habitual en su dieta.

El análisis forma parte de la tesis de maestría «Decapitación y desmembramiento en rituales del recinto ceremonial de Tenochtitlan: una interpretación de su simbolismo», donde sostiene que las manos y pies eran exclusividad del gran sacerdote y el gobernante.

El investigador añadió en su texto una cita del historiador español Diego Durán (1537-1588), quien escribió que dentro de la milicia mexica uno de los privilegios de los guerreros que adquirían el rango de tequihua era comer carne humana en ciertas ceremonias.

Para alcanzar dicho rango tenían que haber hecho al menos cuatro prisioneros en batalla.

¿A quiénes se comían los Mexicas?

Sobre las víctimas del sacrificio, el arqueólogo refirió que «podían ser de cualquier sexo y edad, y se sabe que generalmente eran cautivos de guerra o esclavos, y en contadas ocasiones era gente del pueblo o de la nobleza».

«Las ofrendas humanas eran entregadas a los sacerdotes para que llevaran a cabo la occisión ritual (muerte violenta), y así aportaran la energía vital de los seres humanos a los dioses: la de los guerreros cautivos sería destinada al Sol y la de los esclavos a los dioses del agua y de los mantenimientos», finalizó.

¿En qué fechas los aztecas comían carne humana?

Estos rituales en los que se practicaba la antropofagia se realizaban en fechas determinadas. Por ejemplo, en las fiestas del primer mes atlcahualo del año en el calendario mexica sacrificaban niños en honor de los dioses del agua o de la lluvia, y después de muertos los cocían y comían.

Mientras que en el mes tlacaxipehualizli, a los que sacrificaban en el templo de Huitzilopochtli los devoraban en la casa del guerrero que los capturó. Cocían la carne y daban a cada comensal un pedazo en una escudilla o cajete”, indicó el INAH.

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Carne de res no gustaba a indígenas de Nueva España

Durante la Colonia, los indígenas que habitaban la ciudad de México se alimentaban básicamente de maíz y vegetales, en tanto que “la carne de vaca les parecía de mal sabor y era muy cara”. Esto se pudo constatar a través de un análisis químico e histórico realizado a 40 osamentas de individuos que vivieron hace 400 años.

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Los indígenas de la Nueva España preferían el consumo del maíz

La doctora en antropología física, Oana del Castillo, adscrita al Centro INAH-Yucatán, destacó que “todo lo que consume un ser humano queda registrado en su esqueleto”. Bajo esta premisa se dio a la tarea de examinar los restos óseos de dos colecciones: una procedente del Hospital de San José de los Naturales, donde se atendía a los indígenas, y la otra del Hospital de San Juan de Dios, al que acudían las castas, los dos funcionaron en la Ciudad de México durante los siglos XVII y XVIII.

Al participar en el Seminario de Antropología Médica, organizado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), con el tema Dime qué comes…alimentación y condiciones de salud en poblaciones antiguas indígenas y castas. Siglos XVII y XVIII, la investigadora explicó que el objetivo del estudio era saber si ambos grupos poblacionales tenían la misma dieta y cuál había sido el impacto en su salud.

¿Cómo se supo qué comían los indígenas y las castas de la Colonia?

Del Castillo explicó que los restos óseos analizados tienen una mayor proporción de huellas de estroncio, elemento químico que se encuentra en los vegetales, que se adhirió a los huesos de los indígenas, a diferencia de lo encontrado en las osamentas de las castas, donde la cantidad de magnesio y zinc era más alto, lo que indica el consumo de carne y sus derivados.

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Las castas consumían más carne y sus derivados

Lo que podemos observar con los datos químicos es que los indígenas comían más vegetales que productos animales. Los análisis efectuados en las osamentas confirman lo que las fuentes históricas indican: para la población indígena virreinal, la carne de res no era muy apetecible, además de ser cara, asimismo tenían mucho problema para consumir leche, porque les causaba molestias por la lactosa, y no se conservaba fácilmente.

“Si comían carne era pescado y aves de corral, como el guajolote o las gallinas, y otras de tipo silvestre, como tórtolas y palomas, que llegaron con los españoles. Por su parte, las castas sí comían alimentos que llegaban de ultramar, pues el hecho de ejercer un oficio les permitía comprar vegetales no nativos, frutas, lechuga, carne, pan, papas, en general todo lo que consumían los españoles, de acuerdo con su poder adquisitivo”, abundó Del Castillo.

La antropóloga recordó que las castas “hasta presumían sacudiéndose las migajas de pan, pues consideraban que esto los acercaba más a los españoles”.

Dicho sector poblacional, dijo, ocupaba uno de los estratos más bajos de la sociedad virreinal, pero podían hacerse de oficios. Eran herreros, alfareros, albañiles. En las zonas ganaderas y pulqueras trabajaban como peones, mientras que los indígenas eran sirvientes o peones de campo, no podían acceder a otras ocupaciones que les garantizaran dinero.

El estudio también permitió descubrir que los indígenas de la ciudad de México padecieron anemia a causa de una nutrición deficiente, y que las enfermedades infecciosas eran frecuentes. Por otra parte, ambas poblaciones perdían rápidamente sus piezas dentales por falta de limpieza.

mexicas comiendo
Los índigenas padecían anemía

Las dentaduras analizadas por la antropóloga presentan rastros de severos cálculos dentales ocasionados por el sarro, así como caries y abscesos. Al final de su vida estos individuos contaban con dentaduras en muy mal estado, lo cual contribuía al deterioro de su estado de salud y de nutrición.

La investigación hecha a las dos colecciones óseas también revela que la esperanza de vida tanto de castas como de indígenas era de alrededor de 32 años.

Los esqueletos analizados pertenecen al Laboratorio de Osteología, del posgrado en Antropología Física de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH). La colección del Hospital de San José de los Naturales contiene 450 osamentas, y la del San Juan de Dios es de 200.

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